Otras “meigas” en Galicia.

•junio 4, 2011 • Dejar un comentario

Las meigas eran las antiguas custodias de la medicina popular.

Están vinculadas a la tierra y a siglos de relación con la naturaleza, de ahí que las hierbas que usan llegarían a convertirse en la base de la moderna farmacología. Hasta la Edad Moderna son ellas las que conocen los remedios naturales para aliviar enfermedades o heridas, asisten los partos, ejercen como ginecólogas, comadronas o pediatras, y eso las hace las representantes de la superstición frente a la ciencia, campo dominado por los hombres en la época, que personifican la cultura de élite que se quiere imponer desde el poder, acusando a estas mujeres de brujas o hechiceras. Esto dá lugar al mito de la comadrona-bruja definido en el Malleus Maleficarum.

En 1489 Segismundo, arquiduque de Austria, en su obra Tractatus de Pythonicis Mulieribus muestra que las brujas no tinen ningún poder, que sólo son víctimas de la desesperación, de la miseria y de los odios campesinos. En el siglo XVIII, Martín Sarmiento reivindicaría el saber de las curanderas, las meigas, como el de auténticos médicos y botánicos.

Bernardo Barreiro, en Brujos y astrólogos de la Inquisición de Galicia, recoge cuarenta procesos inquisitoriales, la mayoría de mujeres, case siempre curanderas, o incluso ajenas a estas prácticas, que fueron denunciadas por simples codicias entre vecinos. Torturadas, acaban confesando que tuvieron trato carnal con el demonio o que elaboraron hechizos y conjuros, y acaban por autoinculparse de crimenes que no cometieron.

A través de los expedientes inquisitoriales conocemos que los únicos casos de quema colectiva de brujas en Galicia, como los de Laxe y Cangas, fuoron interrumpidos por la intervención del Consejo General de la Inquisición , pero aún así, hay testigos documentales de mujeres condenadas a morir en la hoguera por ejercer la brujería. Y, en algunos casos, se cumplieron las sentencias.

Es espeluznante leer lo que les sucedió a algunas mujeres de la época acusadas de brujería, como en el caso de María Rodríguez, que era originaria de Ponte Lima, en Portugal.

Jesús Rodríguez López, en su libro “Supersticiones de Galicia y preocupaciones vulgares” nos relata lo siguiente:
“María Rodríguez, portuguesa, natural de Ponte de Lima (1577). Se creía la esposa del demonio. De los tormentos a que se la sujetó llegó ya a Santiago mutilada y desfallecida y se la encerró otra vez en la cárcel, para curarla y poder después volver a atormentarla en cuanto el cuerpo estuviese en condiciones de sentir, según el informe que daban los médicos del Santo oficio.

Renunciamos, por el horror que causa, a describir el potro del tormento, (…) a fuerza de procurarle dolores en él a la infeliz María Rodríguez, concluyó por confesar cuanto los inquisidores quisieron; esto es: que había conocido al demonio, y que era su esposa, y que la trasladaba de un punto a otro, etc.

Bajo promesa grosera de que no había de conceder más goces de su cuerpo al demonio…fue conducida al tablado en un acto de fe, por septiembre del mismo año, pintarrajados su cuerpo y hábito, con las insignias de bruja, y allí adjuró de vehementi.

El auto se celebró en la catdral de Santiago, estrambóticamente pintada de verde, en bóvedas, arcos y pilares, para estos risibles espectáculos. El público se divertía allí como si estuviese en la plaza pública y esperaba después en la calle la procesión de la Justicia seglar, que ejecutaba las sentencias.

María Rodríguez llevó doscientos azotes, desnuda de medio cuerpo para arriba, y sobre aquel pellejo cribado ya de las heridas que le ocasionaron las anteriores torturas. Después se la desterró de Portugal y de Santiago.

A los dos años la volvió a procesar el Santo Tribunal y fue condenada, por fin, a la hoguera, en donde pereció a los treinta y ocho años. La hoguera se levantó en la plaza que hoy se llama de Cervantes, en Santiago, entre las burlas de un pueblo tan ignorante como los teólogos de aquel tiempo, sobre las cosas de Dios y de los hombres; pero que, en su obcecación, se creían intérpretes de la voluntad divina. ¡Tal es la soberbia humana!”

 

 

 

Datos recogidos en:

 

Supersticiones de Galicia y preocupaciones vulgares. Jesús Rodríguez López.

www.culturagalega.org

María Soliña.

•mayo 27, 2011 • Dejar un comentario

Entre los años 1599 y 1639, corsarios y piratas de origen holandés y francés, asaltaron y robaron las costas de Vigo y la península del Morrazo. En el año 1617 Vigo fué atacada por naves turcas berberiscas; y la península del Morrazo sufrirá también estos ataques. Las mujeres, al igual que había sucedido en Coruña con María Pita, defienden las costas de los ataques piratas y muchas veces son violadas y torturadas, además de robadas, durante estos ataques. Posteriormente a estos hechos, varias de las mujeres que organizaron la resistencia en las costas de O Morrazo, fueron acusadas de brujería ante el Tribunal de la Inquisición. Una de ellas sería María Soliño (apellido probablemente más real, de dónde derivaría Soliña).

La Inquisición confiscaba, previamente a los juícios, los bienes de las personas procesadas, partiendo siempre de la base de la culpabilidad, debiendo los acusados demostrar su inocencia. Además, la denuncia ante la Inquisición podía ser anónima.

María Soliña fué ajusticiada en 1621 bajo acusación de brujería con resultado de muerte de niños. A pesar de que siempre lo negó, sus respuestas aparecen como afirmativas en los documentos del proceso.

María Soliña, junto a otras compañeras fué encarcelada y torturada. El Santo Oficio le confiscó sus bienes y ella fue condenada por brujería.

No es difícil imaginar el motivo de las denuncias a mujeres que, como María Soliña, se quedaban solas y poseían determinados bienes. En el caso de María, al quedarse sin marido, hermano y sobrino, su hacienda se incrementó y fué codiciada por alguien que la acusó de brujería.

Aunque no fué quemada viva como otras mujeres de la época, la locura y la miseria terminaron con su vida; pasando a convertirse en el símbolo del sufrimiento del pueblo ante el despotismo.

La leyenda dejó a esta mujer por bruja y pasó a formar parte de la tradición popular:

“Nos areales de Cangas

muros de noite se erguían:

ai, que soliña quedache,

María Soliña…

 

As gueivotas sobre Cangas

soños de medo tecían:

ai, que soliña quedache,

María Soliña.”

 

(En los arenales de Cangas

muros de noche se levantaban:

ai, que solita quedaste,

María Soliña.

 

Las gaviotas sobre Cangas,

nudos de noche tejían:

ai, que solita quedaste,

María Soliña.”

Datos recogidos en:

Mitos, ritos y leyendas de Galicia. La mágia del legado celta. Pemón Bouzas y Xosé A. Domelo.

www.culturagalega.org

 

 

Exposición y demostración en vivo en la U.V. El Olmo con motivo de la semana de las Letras Gallegas.

•mayo 19, 2010 • Dejar un comentario

En la exposición de artesanía.

Demostración en vivo.

Demostración en vivo.

Venga! Vamos a hacer meigas!

Venga! Vamos a hacer meigas!

No es tan fácil como parece jeje... Pero es divertido!

No es tan fácil como parece jeje… Pero es divertido!

Ahora van llegando los más peques.

Ahora van llegando los más peques.

Los peques también hacen bonitas meigas!

Los peques también hacen bonitas meigas!

Con un moucho! (búho real)

Con un moucho! (búho real)

Precioso detalle que nos regaló a los artesanos la organización. Graciaaas!

Precioso detalle que nos regaló a los artesanos la organización. Graciaaas!

El viento y las hojas.

•marzo 13, 2010 • Dejar un comentario

Es un colgante muy personal… Me encanta ver las hojas que se caen de los árboles balancearse con el viento y por eso a la hora de hacerme un colgante a mí misma he representado ese momento.

Soplar y soplar y las hojas levantar...

Soplar y soplar y las hojas levantar...

El viento y las hojas.

El viento y las hojas.

Pantín: Playa y Monte.

•marzo 12, 2010 • Dejar un comentario

 

Colgantes con motivos celtas.

•marzo 12, 2010 • Dejar un comentario
Nudo de Tuim, Triskel y árbol celta.

Nudo de Tuim, Triskel y árbol celta.

Feria Medieval de Villalba (II)

•octubre 22, 2009 • Dejar un comentario

Que sería de mí sin los tés de la tería árabe que tenía enfrente con el frío que hacía al atardecer…

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Había exhibición de cetrería. Todas las aves eran hermosas, pero yo me quedo con el búho.

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